Elaborado por Boligán

miércoles, 16 de junio de 2010

¿Para qué tantas letras?

EL PRESIDENTE, ¿QUÉ NECESIDAD?

(Texto publicado por David Penchyna Grub, Diputado federal del PRI, el 16 de junio de 2010 en Reforma)

El presidente de la República publicó, con su firma, un desplegado respecto de las causas y la estrategia de la lucha por la seguridad pública.

Este intento de explicación tiene un contexto inmediato y un trasfondo amplio. El contexto inmediato: el día lunes el Presidente de la Unión Ganadera de Sinaloa fue asesinado. Ese día murieron ejecutados en el penal de Mazatlán 28 reos a manos de un comando armado. Ese 14 de junio fueron emboscados en Michoacán Policías Federales Preventivos; han fallecido 12. El viernes 11, hubo 77 muertos. El sábado fueron 44. El fin de semana en Nayarit, el número de fallecidos por violencia vinculada al narco fue de 29. Del 5 al 11 de junio, la cifra de muertes vinculadas al crimen organizado fue de 271. Del 11 de junio al 14, en tres días, los muertos fueron 223, 28 de ellos asesinados en un penal que la Secretaría de Seguridad Pública Federal se negó a trasladar previamente. En mayo el número de muertos fue de mil 100. De enero a la fecha, van más de 5 mil. Ése es el contexto del gesto desesperado del Presidente de la República por explicar lo que no tiene fundamento.

El desplegado se refiere a las causas del problema. Según éste, son el consumo de drogas en EUA, el paso del narcomenudeo al control territorial, la transición del control territorial al control de la sociedad; su personal versión de lo que se enuncia como el viejo modelo y los arreglos, el fácil acceso a más armamento y, en el típico apartado de la visión panista de la historia, otras causas sociales, como ellos les nombran, es decir, el cajón de sastre, que es la vida real.

Imputa el origen del problema: de un lado tenemos al gran consumidor y México es aprovechado por otros como país de tránsito. No hay una sola cifra que indique cuál es la producción nacional de estupefacientes en ese documento. No hay una sola consideración sobre el hecho de que diversificación del consumo del mercado de narcóticos en EUA y otros países ha impulsado en México la producción de drogas como las metanfetaminas y el cristal. Como en tantos otros temas, para la postura oficial, los problemas de México vienen de fuera.

Se queja de que la percepción generalizada es la del combate al narcotráfico y no la de la seguridad pública. Fue el gobierno quien creó esa percepción con campañas como la de que "para que las drogas no lleguen a tus hijos" o con la imagen del Presidente disfrazado, que no vestido y mucho menos investido de la indumentaria militar para combatir a los narcotraficantes.

Señala que la adicción a la cocaína en México se duplicó del 2002 al 2008. ¿Eso explica 25 mil muertes violentas bajo la responsabilidad civil de las fuerzas armadas y de las corporaciones policiacas?

De la estrategia se habla de cinco líneas. Se dice "que la estrategia avanza en la dirección necesaria y establecida desde el principio". En su ignorancia como estadista, el Presidente confunde la decisión política, la determinación, la convicción, que pueden estar cimentadas en la realidad, con los plazos y las formas de la instrumentación de esa decisión, de esa voluntad y de esa determinación que cuando se corresponden con la realidad hacen a un estadista y no a un aprendiz.

Cuando se refiere a los operativos conjuntos, habrá que probar su vocación de colaboración con el famoso "michoacanazo" que no han podido sostener con pruebas plenas. Se realizan operativos sin informar e insinuando complicidades locales. El Gobierno Federal actúa como si fuera moralmente superior y estuviera por encima de toda sospecha. No ha habido nunca cooperación, ni confianza recíproca. Simplemente analícense los casos de corrupción revelados dentro de la PFP, que tanto defiende el Presidente de la República, y los que no sabemos. El Presidente no puede actuar solo: éste es un régimen de tres poderes, de garantías individuales, de una República Federal en la que el municipio es libre.

Al mismo tiempo que el Presidente urge a la depuración del Poder Judicial y en el mismo texto acusa a Ministerios Públicos y Jueces. ¿Se ha procedido en contra de alguno de ellos por omisión o se afirma todo simplemente por demagogia e intento de reparto de culpas?

En el totalitarismo lo que no se logra con fuerza, se logra con más fuerza. Así actúa el Gobierno y así razona. Por eso el desplegado no aborda el tema fundamental del respeto a los derechos humanos, ya no digamos de delincuentes, quienes también están amparados por nuestras leyes y tratados internacionales. Hablamos de niños muertos, de familias enteras, de cateos y allanamientos sin orden judicial, de violaciones generalizadas a las garantías individuales en retenes y rondines de la PFP y del Ejército, poniendo en riesgo, de este último, su prestigio y su arraigo popular.

Dice en su mensaje final que unidos vamos a ganar. El desplegado es lo que dirían los clásicos de lógica una racionalización a posteriori. Es la ilusión de darle un sentido a lo que nunca tuvo un diagnóstico, un trabajo previo de inteligencia, un cálculo de las propias fuerzas y las del adversario, y una valoración de los costos que habría de implicar la lucha en la modalidad en la que fue emprendida. Ese curso de acción colectiva México no puede acompañarlo en la irracionalidad y la falta de sentido de la historia y de las consecuencias jurídicas y políticas que esto tenga en un México cada vez más democrático, con un Poder Judicial más confiable e inmerso en un mundo globalizado de instituciones internacionales que están observando con lupa el Estado de derecho y la legalidad de los actos del Estado.

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